EL REINO TEOCRÁTICO

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«Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto» (Is.9:7).

Se define como «teocracia» al gobierno del estado bajo la dirección de Dios, mediante un representante, un rey, que actúa por Dios. El rey deberá ser un miembro de la raza humana, un intermediario, que asume la autoridad divina para aplicarla en la esfera terrenal.

EL GOBIERNO TEOCRÁTICO Y LOS REYES DE ISRAEL

Dentro del gobierno teocrático ideal, tendrá que existir un sistema monárquico dirigido por un rey que estará sujeto a los designios divinos para su expresión terrenal, no sólo en el contexto religioso, sino en el político y social. Dicho rey ha sido ya anunciado a Abraham (Gn.17:5:7) y también a Jacob (Gn.35:11). En el principio del gobierno teocrático de Israel, Dios designó a Saúl como rey (1 S.12:13), a pesar de que el pueblo judío había pecado en el acto de rechazar el anterior sistema de gobierno divino (ver libro de los Jueces), y por pedir para él un rey para que lo gobernase (1 S. 10:9; 12:17). El rey terrenal impuesto por Dios estaría sujeto estrictamente a la normativa gloriosa, en advertencia severa y amenaza al no cumplir con sus responsabilidades y obligaciones; ejemplo de esto lo encontramos con Saúl (1 S.13:12; 28:15), con David (1 S.6:20; 7:23-26), con Salomón (1 R. 3:8-9; 6:12-14). A causa de la desobediencia, Saúl fue rechazado por Dios (1 S. 13:11-14), y su autoridad como rey fue incorporada a David (1 S.16:1-13), siendo este acontecimiento de suma importancia por su relación con la instalación y el desarrollo del reinado teocrático futuro y que será regido por el Mesías Ungido. El trono davídico tiene una conexión notable y fuerte con el destino de la teocracia terrenal venidera. Dios hizo un pacto duradero con David, un pacto incondicional (2 S.7:16), asegurando que el reinado davídico habría de ser para siempre y gobernado por «uno de su linaje» (Lc.1:32, 33) y que al concluir daría paso al reino eterno de Dios (1 Co.15.24, 25; Ap. caps. 21, 22).

El rey del próximo reino teocrático será: «Emanuel», «Dios con nosotros», que por nacimiento humano es coheredero real, legítimo indiscutiblemente, del trono davídico (Is.7:14; 11:1-5; Mt.1:22, 23; Jer.23:5; Ez.34:23; 37:24; Os.3:4, 5; Mi. 5:2). Una de las características del reino teocrático terrenal futuro, como el monárquico antiguo, es que será de naturaleza celestial (Is.2:4; 11:4, 5; Jer.33:14-17; Os. 2:18). El reino teocrático de Jesucristo se instalará en la tierra (Sal.2:8; Is.11:9; 42:4; Jer.23:5; Zac.14:9), Cristo gobernará desde Jerusalén (Is.2:1-3; 62:1-7; Zac.8:20-23), el reino de Cristo será sobre los israelitas convertidos y reunidos (Dt.30:3-6; Is.11:11, 12; 14:1-2; Jer.23:6-8; 32:37-38; 33:7-9; Ez.37:21-25; Mi. 4:6-8), se extenderá a las naciones de toda la tierra (Sal.72:11, 17; 86:9; Is.55:5; Dn.7:13, 14; Zac. 8:22) y será impuesto por Cristo cuando regrese nuevamente a la tierra como Rey (Dt.30:3; Sal.50:3-5; Sal.96:13; Zac. 2:10-13; Mal.3:1-4).

Este reino será inseparable con lo material, es decir, habrá de ser espiritual en la manera que la voluntad de Dios, sus designios celestiales, serán aplicados como forma de gobierno en el ámbito terrenal y para la sujeción de la conducta de los seres humanos redimidos esa época futura. El Mesías Rey conducirá su pueblo en perfecta armonía, justicia y santidad.

El reinado teocrático futuro, será un reino literal y no alegorizado, de la misma manera que el reino teocrático histórico de la nación israelita en que Dios levantó reyes para que la gobernaran. Las profecías antiguo testamentarias dan credibilidad convincente de que será un reino literal. El gobernante de este reino será humano. Es llamado como «Un Hombre», «Un Hijo de Hombre», «El Hijo del Dios Viviente», «El Hijo de Dios», «Un Vástago de la raíz de Isaí», «Un Renuevo Justo de David», «Admirable», «Consejero», «Dios Fuerte» (como representante de Dios en la tierra), «Padre Eterno» (ídem), «Príncipe de Paz».

El reino teocrático futuro será monárquico. Cristo, el gobernante, se sienta sobre su trono de gloria (Mt.25:31), y el gobierno habrá de estar «sobre su hombro». Será Rey, Juez, y Legislador en la tierra.

En el reino teocrático que viene habrá cambios sociales y económicos importantes: las guerras serán eliminadas, la paz mundial se impondrá al fin, la justicia será universal además (Zac. 9:10, Is.2:4; 9:7; 42:3; 65:21, 22; Sal. 72:1-4, 12-14; Sof. 3:9). En el reino teocrático, la enfermedad será abolida. Habrá apreciables cambios climáticos en el tiempo, la tierra sufrirá cambios geológicos, la tierra será productiva y fértil en gran manera (Is. 32:14; 35:5, 6; 65:20-22; Zac.14:3, 4; Am.9:13, 15; Is. 60:1-4). La igualdad entre los redimidos que entren al reino teocrático del Señor será notoria (Is. 32:5; 40:4; Jer. 31:33; Jl. 31:28-30).

Un autor, por último, apoya el sentido del escrito de la siguiente manera:

«Tal es la naturaleza del. . . reino tal como se presenta en las profecías del Antiguo Testamento. Y me gustaría decir justamente aquí que éste satisface y reconcilia todos los puntos de vista legítimos. El reino será espiritual, ético, social, económico, físico, político y eclesiástico. Aislar cualquiera de estos aspectos y negar los otros es estrechar la dimensión profética».

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